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No piensan. No razonan. No cambian.
Por Disidente en 10/Abr/2009
Harto de los que creen llevar siempre la razón. Harto de los que defienden posturas inamovibles. Harto de los que siguen “pensando” igual pase lo que pase llueva o nieve, así arda Troya.
Harrrrrto, muy harto.
¿Qué tiene de malo eso de pensar siempre lo mismo? se puede plantear más de uno. Nada. Puede ser signo de claridad de ideas, de tener unas firmes convicciones, de no ser maleable. Sin embargo, en nuestra sociedad actual, para qué engañarnos, esto no es más que una cortina de humo para desviar la atención. Cuando uno piensa siempre lo mismo, cuando a uno da igual las pruebas que le presenten, que no va a cambiar, es porque es literalmente idiota. Este mundo está repleto de idiotas, idiotas que parece que nacieron con unas ideas grabadas a fuego en el código genético, y no importa nada de lo que ocurra afuera que así van a seguir.
¿Que uno es del Madrid? Cualquier victoria del Barça va a ser como mínimo discutible, gris o irrelevante. Cualquier penalty injusto a favor de tu equipo va a ser obviado y prácticamente silenciado. Si lo que es uno es del Barça, pues lo mismo o peor. Mirar la realidad a través del cristal deformado que cada cual se ha construido.
Con la política y con tantos otros temas, tres cuartos de lo que he dicho. Es vomitivo a veces tratar con según qué personas, porque parecen un disco rayado, incapaces de evolucionar, de admitir los puntos de vista del otro, de creer que puede que no siempre tengan razón.
Panda de monos erguidos con corbata….
Sinceramente, lamentable.
Esas personas no se permiten el lujo de pensar, de razonar, de tener amplitud de miras. Porque directamente no son capaces de ello. Les supone un salto lógico enorme, demasiado grande para sus anquilosados modos de pensar. Son felices arrebujados en su diminuto rincón de pensamiento, despreciando de muy diversas formas que otros decidan viajar más allá de esa comodidad y explorar un mundo nuevo de posibilidades y de opiniones.
Hay personas con las que cada conversación supone enriquecimiento mutuo.
Hay otras, muchas, demasiadas, con las que una vez has mantenido una conversación, las has mantenido todas.
Son personas muro, con las que puedes jugar tantos partidos de frontón como te parezca, la pared siempre va a estar ahí y jamás se va a venir abajo, nunca van a dejar de devolverte las pelotas que lances y, lo más fácil, alguna de ellas no vas a ser capaz de alcanzarla, siendo tú quien quedas mal.
Un mundo de idiotas.
Y AUN NOS CREEREMOS LIBRES
Por Disidente en 31/Mar/2009
De las mayores falacias de nuestro tiempo es la de la pretendida libertad que se nos ofrece en el sistema.
¿Libertad? ¿Qué libertad?
El abanico de posibilidades que se nos brindan no son más que el mismo engaño bajo distinta faz. Creemos que nos podemos forjar un porvenir, como si eso significara que somos dueños de nuestro destino, igual que protagonistas de una novela de aventuras en la que todo está por hacer…
Y no somos más que piezas, unos pequeños peones en el engranaje del sistema. Peones que, en el mejor de los casos, y digo en el mejor, podrían llegar a aspirar a convertirse tal vez en un caballo o un alfil.
¿Es eso libertad?
¿Es que somos idiotas o qué?
Lamentable. Es lamentable pararse a pensar que tenemos verdadera capacidad de elección cuando el propio sistema nos permite decidir si seremos el peón del caballo del rey o del caballo de la reina, o del alfil, que está a su lado.
¿Qué diferencia es la que hay? Yo te la diré: Ninguna. Ninguna diferencia. Es la ilusión que plantea el sistema. Y no es más que eso, una mera ilusión para tenernos engañados, para tenernos contentos.
Y no pensar.
Porque los peones, que para eso son peones, están para ser sacrificados. La carne de cañón que a nadie importa.
¡Yo no soy un peón! Dirá más de uno. No soy un peón porque tengo expectativas de hacer cosas importantes.
Absurdo.
Peor aún, el que dice que no es peón porque está haciendo carrera.
Si se come toda la porquería y más durante tres o cinco años con la boquita bien cerrada, tal vez pueda aspirar a ganar más, en sueldo y reconocimiento, comiéndose el doble o el triple de basura, con la conciencia bien callada por el dinero y por la ilusión de ver cómo otros peoncillos han pasado a comerse la vulgar porquería que se comía uno con anterioridad.
Eso, estás hasta las cejas de marrones y como otros están hasta el cuello de los marrones que pasas de comerte, te sientes importante. Ya estás más arriba en la escala. En la escala del sistema. La escala que el sistema te plantea y que, tácitamente, has acabado aceptando desde el primer momento. Desde el momento en el que decidiste tener un trabajo honorable, irte a vivir con tu pareja, pillar una hipoteca y todo lo demás.
Cuando el sistema, que lo regula todo, determine que tienes un mínimo margen para tomarte un descanso, no más de unos días sueltos al cabo del año, programarás tus vacaciones para irte lejos, bien lejos, a desconectar.
Y te creerás bien libre.
Porque por unos días has huido de la rutina del sistema…. para caer en la perfectamente planificada rutina de las vacaciones.
Una verdadera lástima, verdaderamente.
Las medias verdades (¡ni eso!) de los medios
Por Disidente en 23/Mar/2009
Bienvenidos a la feria de los despropósitos.
Ahí donde los españolitos de a pie, incapaces de pensar por sí mismos, acuden, como rumiantes al abrevadero, para que les dicten las consignas que defenderán cuando haya que hablar con los compañeros de trabajo, los cuñados o incluso los vecinos.
Porque en este país no se piensa. No se piensa ni lo mínimo. Ni lo mínimo para discernir lo básico: La verdad nos la pintan los medios de comunicación del color que les conviene. No existe la objetividad periodística. No existe. Y si alguno de los medios de comunicación se vanagloria de ello, se está riendo de nosotros en nuestra propia cara.
Los pobres pedigüeños de cerebros por estrenar tampoco andan buscando eso. Los pobres pedigüeños ya tienen medios que alimenten sus abotargadas cabezas incapaces de pensar. Acuden, como parroquianos que son, siempre al mismo bar a pedir el mismo coñac de siempre, la misma tapa de siempre.
Cámbiese bar por periódico o radio y coñac y tapa por noticias (sesgadas) y opiniones, y tendremos el retrato robot del infeliz. Un infeliz que se cree informado, que se cree muy del siglo XXI, porque está al tanto de todo lo que ocurre y que hasta se permite el lujo de opinar (todos tenemos derecho a opinar) creyendo que de su boca salen afirmaciones coherentes y no la misma basura caducada que ha escuchado en el programa de turno o que ha leído en la columna o artículo de turno.
Porque en este país, si quieres enterarte de las miserias de la derecha, no tienes más que acudir a los medios progres, que se rasgan las vestiduras todos los días con las corruptelas de los de enfrente, mientras los dirigentes de izquierdas se dedican a gobernar, que hay que sacar esto adelante.Y si quieres enterarte de las miserias de la izquierda, no tienes más que acudir a los medios ultraconservadores, que se rasgan las vestiduras por la incompetencia supina y el choriceo permanente de los dirigentes de izquierdas, lamentándose de los días que quedan para desalojar a tanto inepto y malnacido del poder.
Esto es algo que se supone que sabemos todos. Pues no. Millones de indocumentados mentales acuden como borregos día sí y día también a sus abrevaderos mediáticos, pensando (si a eso se le puede llamar pensar) que se están informando de lo que realmente ocurre, en un medio de comunicación libre de ataduras y de compromisos, en el que cuentan las cosas como son.
¡Qué curioso, panda de ignorantes, que los corruptos, los inútiles, los mangantes y los criticables sean siempre los de enfrente! ¡Qué curioso!
¿No os habéis parado nunca a pensar (si es que podéis) en que los de enfrente están diciendo exactamente lo mismo de vosotros?
¡Ah, es que ellos mienten!
Está en su naturaleza. No mienten más que los bellacos que os adoctrinan a vosotros. Tanto unos como otros estudiaron en la misma secta y os tienen absorbido el poco raciocinio con el que contabais.
Me dabais pena. Antes. Ahora sé que cada uno tiene lo que busca. Y vosotros habéis buscado no pensar.
Que os den.