Tema: Trabajo
Esclavitud
Por ElIdiota en 20/Abr/2010
Hoy en dia, por desgracia, se ha encontrado una alternativa mejor: el consumismo y el endeudamiento. El resultado es que igualmente tienes un esclavo, pero no tienes que comprarlo, sino que el solo se ofrece a ti, no tienes que vigilarlo, ya que como “propietario y ciudadano libre”, el solo pone los medios para vigilar y cuidar su propiedad, y paga impuestos para que la policia lo vigile a el, y tampoco hay que alimentarlo ya que el se paga el sustento. De regalo tampoco hay que sustituirlo cuando enferma ya que el mismo se paga los cuidados y medicinas necesarios para mantenerse saludable y poder seguir trabajando. La unica contraprestacion es que hay que alquilarlo por meses, pero a cambio todo ese dinero que se gasta en alquilarlo, al final es consumido en las fabricas del patron, y si no es en las del patron, es en las del patron de al lado pero igualmente los esclavos del patron de al lado pueden consumir en las propias.
Al final, todo queda en casa, mientras nos vamos quedando con la plusvalia. Donde va a parar, este esquema es mucho mejor.
Sacado de Burbuja.info
Drogas, capitalismo y locura
Por ElIdiota en 27/Abr/2009
Sacado integramente de El confidencial
La irrupción de la cocaína en el escenario mundial coincidía con la llegada al poder de Reagan y Thatcher, y la consecuente deriva neoliberal del capitalismo hacía la sumisión total del Estado al mercado caótico y la vorágine privatizadora de muchos servicios públicos. Don dinero comienza a fluir y a surcar los mercados globales e interpelar todas las facetas de la vida, con la cocaína como compañera de viaje a modo de “suplemento proteínico” que ayuda a soportar el torbellino que arrastran los nuevos tiempos. Vidas rápidas en constante ebullición se apoyan en la droga para no desaprovechar tiempo, reducir el lastre del descanso, estar siempre atento, despierto y no dejar pasar ninguna oportunidad que se nos presente; el tiempo realmente se convierte en oro.
Lejos de haber dejado atrás el protagonismo central que goza la cocaína en nuestras sociedades en los últimos 30 años, con el estallido de las nuevas tecnologías y el proceso globalizador, se adhieren una multiplicidad de estimulantes y antidepresivos que reflejan los altos niveles de insalubridad psicosocial contemporánea. El problema no siempre guarda relación con las noticias alarmantes que aparecen en los medios sobre la deriva y la perdición de los jóvenes, sumidos en un mundo donde las drogas resultan sinónimo de ocio y diversión. En realidad, la tragedia se vive de manera mucho más cotidiana y diluida entre los ciudadanos normales que pagan sus impuestos.
Legalmente se puede acceder a todo tipo de drogas como el Ritalín o el Prozac, sin las cuales sería impensable desarrollar el normal funcionamiento socioeconómico por una parte de la población, frente a los retos adversos que presenta la vida -sólo en el Estado Español, el consumo de antidepresivos se ha triplicado en la última década-. Para nuestra rutina diaria encontramos normal el uso de estimulantes en forma de refresco, como el Red Bull -prohibido en Dinamarca por contener un principio activo que devastó mentalmente a las tropas de EEUU en Vietnam-, o el Burn, que no son más que una imitación y democratización de los efectos energizantes que suele otorgar la cocaína, pero ahora con amparo legal. Por su control de los ritmos de humor, los antidepresivos o euforizantes hacen especial mella en aquellos sectores laborales que participan directamente en la producción inmaterial y virtual propiamente dicha, lo que augura el advenimiento de una crisis psicosocial de la que aún no podemos sacar cuentas.
Capitalismo cognitivo
En la sociedad de la información la conexión y producción entre mentes y la valorización económica del conocimiento, ocupan un lugar privilegiado en la reproducción del llamado capitalismo “cognitivo”. Su materia prima fundamental es el intelecto humano en sus términos más genéricos, lo que agrava enormemente la problemática. La aceleración intensiva de los ritmos productivos y comunicativos y la preponderancia de un ciberespacio ilimitado frente a un cerebro humano que opera de forma más lenta que la realidad, conlleva un desfase y ruptura patógena que se ve reflejado en la vitalidad de la industria de los psicofármacos.
De manera paralela y en ocasiones entrelazada a lo ya expuesto, se percibe un incremento de los casos registrados de internación urgente en psiquiátricos -7,8% más que 2007, sólo en Barcelona- que se achacan a la coyuntura de crisis económica, pero que sin duda hunde sus raíces en los ganglios de las relaciones sociales contemporáneas.
El tiempo que parece sacado de sus goznes es colonizado al completo por la publicidad, el marketing y el consumo desbocado bajo el paraguas ideológico de una felicidad banal y trivial. Esta precisa ser sustituida incesantemente al desaparecer su atracción poco tiempo después de poseer el producto o la sensación en cuestión.
En una sociedad incapaz ya de integrar socialmente a través del trabajo, -tasa estructural de paro, temporalidad, precariedad, intermitencia- el estatuto de ciudadano se adquiere a través de nuestra capacidad subjetiva de acceso al consumo. El principio de realidad se fusiona con el del deseo, en donde la libertad de elegir dentro del amplio abanico de gustos que ofrece el elixir del mercado, se transforma en tarea obligada que nos posiciona y estructura socialmente. Los lazos comunitarios se mediatizan siguiendo los patrones que dictan las campañas publicitarias y las líneas que dibuja el consumo, que amplifican una llamada a la que todos quieren acudir, pero que algunos no pueden responder.
Todo un cúmulo de frustraciones, estancamiento, aceleración, estrés, agotamiento y depresión generados por los modos de vida imperantes, vaticinan un futuro plagado de enfermedades neuronales y miseria existencial incubado en el centro del sistema social. ¿Son las locuras consecuencia de un modo de producción o, es el sistema mismo una locura? Deberíamos someterlo a un estudio médico para confirmar su insalubridad ecológica, social, económica y cognitiva.
(*) Jorge Moruno Danzi es sociólogo
Y AUN NOS CREEREMOS LIBRES
Por Disidente en 31/Mar/2009
De las mayores falacias de nuestro tiempo es la de la pretendida libertad que se nos ofrece en el sistema.
¿Libertad? ¿Qué libertad?
El abanico de posibilidades que se nos brindan no son más que el mismo engaño bajo distinta faz. Creemos que nos podemos forjar un porvenir, como si eso significara que somos dueños de nuestro destino, igual que protagonistas de una novela de aventuras en la que todo está por hacer…
Y no somos más que piezas, unos pequeños peones en el engranaje del sistema. Peones que, en el mejor de los casos, y digo en el mejor, podrían llegar a aspirar a convertirse tal vez en un caballo o un alfil.
¿Es eso libertad?
¿Es que somos idiotas o qué?
Lamentable. Es lamentable pararse a pensar que tenemos verdadera capacidad de elección cuando el propio sistema nos permite decidir si seremos el peón del caballo del rey o del caballo de la reina, o del alfil, que está a su lado.
¿Qué diferencia es la que hay? Yo te la diré: Ninguna. Ninguna diferencia. Es la ilusión que plantea el sistema. Y no es más que eso, una mera ilusión para tenernos engañados, para tenernos contentos.
Y no pensar.
Porque los peones, que para eso son peones, están para ser sacrificados. La carne de cañón que a nadie importa.
¡Yo no soy un peón! Dirá más de uno. No soy un peón porque tengo expectativas de hacer cosas importantes.
Absurdo.
Peor aún, el que dice que no es peón porque está haciendo carrera.
Si se come toda la porquería y más durante tres o cinco años con la boquita bien cerrada, tal vez pueda aspirar a ganar más, en sueldo y reconocimiento, comiéndose el doble o el triple de basura, con la conciencia bien callada por el dinero y por la ilusión de ver cómo otros peoncillos han pasado a comerse la vulgar porquería que se comía uno con anterioridad.
Eso, estás hasta las cejas de marrones y como otros están hasta el cuello de los marrones que pasas de comerte, te sientes importante. Ya estás más arriba en la escala. En la escala del sistema. La escala que el sistema te plantea y que, tácitamente, has acabado aceptando desde el primer momento. Desde el momento en el que decidiste tener un trabajo honorable, irte a vivir con tu pareja, pillar una hipoteca y todo lo demás.
Cuando el sistema, que lo regula todo, determine que tienes un mínimo margen para tomarte un descanso, no más de unos días sueltos al cabo del año, programarás tus vacaciones para irte lejos, bien lejos, a desconectar.
Y te creerás bien libre.
Porque por unos días has huido de la rutina del sistema…. para caer en la perfectamente planificada rutina de las vacaciones.
Una verdadera lástima, verdaderamente.
Miedo, miedo, miedo… en el trabajo
Por ElIdiota en 27/Mar/2009
Joder con la gente, parece que lo único que les importa es quedarse igual.
Al grito de ¡Mamacita que me quede como estoy! la peña se deja encular, sin usar ni siquiera vaselina para mantener unos… ¿privilegios? ¿derechos? ¿estatus?…
No se la verdad, yo creo que es mero miedo al cambio.
Casos reales y cercanos, por ejemplo el compañero de trabajo que no se atreve a cambiar del mismo por que ya tiene una antigüedad y se queda (a pesar de no aguantar el curro y que la oferta es altamente edificante como profesional) por si acaso le echan y llevarse una pasta por el finiquito, o la compañera que está totalmente descontenta con lo que le pagan, pero refusa si quiera presentarse a una oferta de trabajo, porque piensa que no va a dar la talla, o porque el nombre de la misma le hace pensar que no le va a gustar
Esta gente da penilla, la verdad, seguro que se plantearon la vida para de mayores ser personas de provecho. Bueno, también son necesarios, son la masa de sociedad, sus átomos.
Cuando terminaron la carrera (la cual estudiaron por qué no se plantearon cambiar la vida de estudiante) pensaron que se habían reafirmado como personas, solo por tener carrera (un poco como la plasta de voz horrenda que se va a casar con el personaje que interpreta Kevin Klein en In & Out, que pensaba que se iba a realizar como persona solo por casarse), que ya habían aprendido todo lo necesario en la vida, y que las empresas se les iban a rifar.
Encontraron un trabajo, aprendieron a hacer su sota, caballo, rey. Y se establecieron cual pájaro en su nido…
¡Borregos!
¡Borregos!
¡Borregos!
¡Ah! y no me vale ahora que me vengáis con la crisis, encontrar trabajo está mas complicado, pero si os hubierais esforzado en saber buscarlo y en coceros las habas, no lo tendríais tan crudo.
Veréis cuando se os acabe el dinero del finiquito y del paro.
Veréis cuando esas ofertas de trabajo que os daban algo de cosa hayan desaparecido.
Veréis.
Tengo una cosa que deciros, aquello de “de valientes está el cementerio lleno” no es verdad, se lo inventaron otros tan pusilánimes como vosotros que necesitaban buscarse una coletilla para darse justificación (pff la sabiduría popular, que gran estafa)…
¿Sabéis de que está el cementerio lleno? de muertos, todos idiotas, como tú, como yo, como el resto de la gente… Pero muertos al fin y al cabo.
Todo el mundo muere, así que no dejes que temas como el trabajo, marquen el devenir de tu vida.
¡Que son dos días maldito idiota!
Nunca os habeis preguntado porque los que os mandan son tan imbéciles?
Por ElIdiota en 20/Mar/2009
Interesante historia esta:
EL FOXINO COMÚN
La forma más primitiva de “sociedad´´ en el sentido más amplio del término es la asociación anónima, cuyo ejemplo más característico es el banco de peces. En el interior del banco no hay estructura alguna, no hay jefes ni subordinados, sino sólo un inmenso conjunto de miembros iguales.
El aislamiento, la perdida de contacto con el banco podría significar un peligro inmediato para la vida individual. Por esa razón, el comportamiento grupal parece perfectamente funcional, y tan beneficioso para la supervivencia del individuo como para la del grupo. Los peces miran con sus ojitos a cada instante vigilando a sus compañeros e imitan cualquier movimiento que perciban, copiándolo. Así se influyen mutuamente. Cuando uno de ellos detecta peligro y huye, transmite su sensación a los demás, que enseguida captan esa corriente eléctrica que es el miedo. Así es posible que bancos enormes de peces se muevan como si de una unidad se tratara. Son uno con el colectivo y renuncian de esta manera al costoso trabajo de pensar y tomar lentas decisiones individuales. En vez de pensar miras lo que hacen los demás y lo imitas. Es una extraña forma de democracia espontánea.
Erich Von Holst escogió de entre todos los foxinos – el foxino común es un pez perteneciente al género de la carpa – de su piscina experimental a un pez Z. Llamémosle Z. Y le extirpó la parte anterior del cerebro. Esa parte del cerebro es en esta especie la sede de todas las reacciones colectivas. El foxino descerebrado conserva sus funciones motrices y nada como un pez normal pero es tonto perdido. Erich Von Holst repuso al pez “tonto´´ a convivir con el resto del banco de peces. ¿Qué ocurrió?
Este pez, como era idiota, no entendía que su supervivencia dependía del grupo así que no le importaba abandonar el banco en solitario. En realidad, no había nada que le importase. Los peces indecisos miraban y estudiaban el movimiento de los demás y seguían al que más decisión y seguridad demostraba. ¿Y cuál era este? Pues eso, que en una variante de la mejor escena de Forrest Gump, se pusieron todos a seguir al Z pez descerebrado que iba a su bola sin ningún sentido. Por fin habían encontrado un líder. Un tipo sin dudas. (“No entendí lo que decía pero percibí palabras firmes” leí hace poco en el artículo de un nacionalista refiriéndose a un discurso del ciclista en la pasada feria del berriguna )
Sí, el defecto había convertido al pez bobalicón en un dictador. Un dictador al que todos seguían ciegamente y que podía llevar al banco de peces directamente a las redes de un pescador, a la boca de cualquier peligro, a cualquier recoveco sin escapatoria… al desastre y destrucción del propio banco. ¡Quién nos iba a decir que terminaríamos viviendo en una piscifactoría, experimentando en carne propia el experimento del Zpez! Claro que en una probeta llamada Apaña no podía ser de otro modo.
Sacada de Acratas
La verdad que es revelador, ya no solo en el ámbito de que se meten con ZP, sino tambien es extrapolable al hecho de que somos capaces de seguir a cualquiera que demuestre algo de autoridad sin titubear.
En empresas, en la calle, en urgencias. Cualquiera que tiene un poco de autoconfianza nos la puede meter doblada, y alli vamos como corderitos, siguiendo al pez, no ya idiota, sino totalmente psicópata, (a cualquiera que me venga diciendo que un psicopata es un tipo que no siente emociones, o que asesina gente por gusto, le invito a que se meta la cabeza por el culo y aspire) pensando que es el mejor guia que podemos tener.
Hay muchos ejemplos de empresas que la han cagado y hundido por contratar al directivo equivocado, el tipico tiburon totalmente seguro de si mismo, pero incapaz de innovar o negociar, por lo que cuando las cosas han ido mal, han sido echados (con una pedazo de indemnizacion). Mucha gente ha dicho despues de esto: “Vaya pero si yo habria dirigido mejor esto!”
La cuestion es, estabas lo suficientemente seguro como para hacerlo…
o mejor todavia, eres lo suficientemente idiota.
Algun dia hablare de la psicopatia, de la idiotez de los puestos de responsabilidad y las altas esferas empresariales.
Mientras tanto, todos idiotas.