Y AUN NOS CREEREMOS LIBRES

Por Disidente en 31/Mar/2009

De las mayores falacias de nuestro tiempo es la de la pretendida libertad que se nos ofrece en el sistema.

¿Libertad? ¿Qué libertad?

El abanico de posibilidades que se nos brindan no son más que el mismo engaño bajo distinta faz. Creemos que nos podemos forjar un porvenir, como si eso significara que somos dueños de nuestro destino, igual que protagonistas de una novela de aventuras en la que todo está por hacer…
Y no somos más que piezas, unos pequeños peones en el engranaje del sistema. Peones que, en el mejor de los casos, y digo en el mejor, podrían llegar a aspirar a convertirse tal vez en un caballo o un alfil.

¿Es eso libertad?
¿Es que somos idiotas o qué?

Lamentable. Es lamentable pararse a pensar que tenemos verdadera capacidad de elección cuando el propio sistema nos permite decidir si seremos el peón del caballo del rey o del caballo de la reina, o del alfil, que está a su lado.

¿Qué diferencia es la que hay? Yo te la diré: Ninguna. Ninguna diferencia. Es la ilusión que plantea el sistema. Y no es más que eso, una mera ilusión para tenernos engañados, para tenernos contentos.

Y no pensar.

Porque los peones, que para eso son peones, están para ser sacrificados. La carne de cañón que a nadie importa.

¡Yo no soy un peón! Dirá más de uno. No soy un peón porque tengo expectativas de hacer cosas importantes.

Absurdo.

Peor aún, el que dice que no es peón porque está haciendo carrera.

Si se come toda la porquería y más durante tres o cinco años con la boquita bien cerrada, tal vez pueda aspirar a ganar más, en sueldo y reconocimiento, comiéndose el doble o el triple de basura, con la conciencia bien callada por el dinero y por la ilusión de ver cómo otros peoncillos han pasado a comerse la vulgar porquería que se comía uno con anterioridad.

Eso, estás hasta las cejas de marrones y como otros están hasta el cuello de los marrones que pasas de comerte, te sientes importante. Ya estás más arriba en la escala. En la escala del sistema. La escala que el sistema te plantea y que, tácitamente, has acabado aceptando desde el primer momento. Desde el momento en el que decidiste tener un trabajo honorable, irte a vivir con tu pareja, pillar una hipoteca y todo lo demás.

Cuando el sistema, que lo regula todo, determine que tienes un mínimo margen para tomarte un descanso, no más de unos días sueltos al cabo del año, programarás tus vacaciones para irte lejos, bien lejos, a desconectar.

Y te creerás bien libre.

Porque por unos días has huido de la rutina del sistema…. para caer en la perfectamente planificada rutina de las vacaciones.

Una verdadera lástima, verdaderamente.

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